“No soy un robot”. Con más frecuencia tenemos que demostrar que los humanos somos humanos. Sitios web y aplicaciones están reforzando sus medidas de seguridad para evitar que robots o agentes de inteligencia artificial operen en sus sistemas sin su consentimiento. Es por eso que ventanas y notificaciones que exigen la verificación humana son cada vez más frecuentes en nuestro recorrido en la web.

Los bots ya generan más actividad en internet que los humanos. No es distópico ni una premonición, es un dato certero confirmado por Cloudflare, una de las empresas de seguridad más relevantes en la web. Según los datos de junio, rastreadores, agentes automatizados y sistemas de inteligencia artificial concentraron el 57,4% de las cargas de páginas, frente al 42,6% generado por usuarios humanos. Es decir, ya son la mayoría y van a aumentar.

“No soy un robot”. La generación de contenidos también está exigiendo certificaciones de que las creaciones, efectivamente, provienen de humanos. Los datos también confirman que cada vez se publica más contenido artificial. Según un estudio publicado por Graphite (una agencia de investigación de IA), bastó solo un año del lanzamiento de ChatGPT para que los artículos generados por IA representaran el 35,9% de los textos publicados. El crecimiento no paró evidentemente. En el primer trimestre de 2025, la cantidad de artículos generados por IA casi igualó la cantidad de artículos escritos por humanos, 49,6% frente a 50,4%. En el cuarto trimestre de 2025, finalmente, los artículos generados por IA superaron a los escritos por humanos con un 50,9%.

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Al principio, las marcas de la IA eran evidentes: había patrones que siempre se repetían en los textos. En las imágenes, tanto estáticas como en movimiento, la evidencia era aún mayor. La artificialidad todavía era un sinónimo apropiado al resultado que generaban las plataformas.

Pero en muy pocos años, los modelos dieron un salto cualitativo que hace cada vez más difícil detectar la huella del robot. Tal es el avance que las propias plataformas tuvieron que ser obligadas a dar una solución. La semana pasada, Anthropic, la compañía creadora de Claude, anunció que implementará una marca de agua en los textos generados por sus modelos. El sistema no agrega letras ocultas ni caracteres extraños, sino que incorpora palabras que siguen un patrón matemático que revela la posibilidad que alguien haya utilizado Claude para la redacción.

Otras empresas de IA también comenzarán a implementar sistemas parecidos pero no lo harán por iniciativa propia. Todas ellas están obligadas a cumplir con la Ley de IA de la Unión Europea. Casi 200 organizaciones, entre las que se destacan Google, Meta, Microsoft y OpenA, firmaron el Código de Práctica sobre la Transparencia de Contenidos Generados por IA (enmarcado por la ley de IA) que pretende que los modelos generativos dejen una marca o etiqueta en sus resultados.

Las exigencias de la ley comenzaron a aplicarse desde este mes y existe un apartado específico sobre obligaciones de transparencia. En su artículo 50 establece que los proveedores de IA deberán incluir sistemas de marcado legibles para detectar contenido creado por sus modelos, ya sean imágenes, audios, videos o texto. Además, ante las falsificaciones profundas o deepfakes, los sistemas “deberán revelar que el contenido ha sido generado o manipulado artificialmente”.

¿Quién detendrá los asaltos de la inteligencia artificial?

“No soy un robot”. La ley europea también exige a los usuarios. En el artículo 50 también precisa  que “los usuarios de un sistema de IA que genere o manipule texto que se publique con el fin de informar al público sobre asuntos de interés público deberán revelar que el texto ha sido generado o manipulado artificialmente”. Por lo tanto, amplía las responsabilidades con el objetivo de reducir los riesgos de engaño, desinformación, violanción a los derechos de autor, manipulación, entre otros delitos.

Europa da pasos significativos en una regulación que entiende que el mundo ha cambiado. Restringe, obliga y pide más responsabilidad. Puede que las soluciones de las empresas de IA sean algo rudimentario, porque no tardarán en aparecer las aplicaciones que ayuden a borrar las marcas de agua. Sin embargo, da un puntapié para exigir más transparencia en un escenario en el que, paradójicamente, tenemos que certificar nuestra condición humana.